Costa Rica amplía la agricultura de coral para ayudar a restaurar los arrecifes del Pacífico
Costa Rica está ampliando el uso del cultivo de coral como parte de un esfuerzo creciente para restaurar los ecosistemas marinos dañados a lo largo de la costa del país. Esta técnica funciona como un vivero submarino. Se recolectan pequeños fragmentos de coral, se colocan en estructuras sumergidas, se dejan crecer en condiciones controladas y, posteriormente, se adhieren a zonas degradadas del arrecife.
Este proceso les brinda a los corales mayores posibilidades de supervivencia y les permite crecer mucho más rápido que en el fondo marino. La actual ola de cultivo de coral en Costa Rica comenzó con un proyecto piloto en Golfo Dulce en 2013. Trece años después, este método ha ayudado a cultivar miles de corales a lo largo de la costa del Pacífico, y uno de los ejemplos más claros se está desarrollando actualmente en Isla Tortuga, en el Golfo de Nicoya.
“Colocamos los fragmentos de coral en un vivero, como una incubadora, por lo que colaboramos con agrónomos. Esto les da tiempo para crecer en un entorno más controlado. Si estos fragmentos permanecen en el fondo marino, mueren”, explicó el biólogo marino Carlos Pérez Reyes. “Son como huéspedes de un hotel de cinco estrellas y crecen hasta cuatro veces más rápido”, añadió.
En Isla Tortuga , el proyecto se ha convertido en un modelo visible de restauración de corales vinculado a la investigación, el buceo, el turismo y el trabajo ambiental local. La meta para este año es alcanzar los 3000 corales cultivados, un hito que el equipo espera lograr el 6 de junio. La iniciativa comenzó en 2024 y ya ha cultivado más de 2700 corales en 58 estructuras submarinas. Estas estructuras incluyen diseños de antenas, arañas, tendederos y túneles, cada una construida para sostener fragmentos de coral en la columna de agua mientras crecen.
El proyecto cuenta con el respaldo de una colaboración entre la Universidad Nacional de Educación a Distancia, el Instituto Nacional de Aprendizaje y Bay Island Cruises. Por cada turista que realiza una de las excursiones de la compañía, se dona un dólar para ayudar a financiar el trabajo de jardinería de coral alrededor de Isla Tortuga, que recibe hasta 100.000 visitantes al año.
El proceso comienza con fragmentos de coral que se han desprendido de forma natural y que probablemente se perderían en el fondo marino. Los buzos recogen estos fragmentos y los colocan en estructuras suspendidas donde reciben mejor luz y están protegidos de los depredadores. Una vez que los corales alcanzan el tamaño adecuado, se fijan permanentemente a las zonas dañadas del arrecife, donde pueden ayudar a reconstruir el hábitat para los peces y otras especies marinas.
Para Costa Rica, este esfuerzo tiene una importancia que va mucho más allá de Isla Tortuga. Los arrecifes de coral cubren solo una pequeña parte del océano, pero albergan una gran cantidad de vida marina. Además, ayudan a proteger las costas y a sostener el turismo, la pesca y los medios de subsistencia costeros. Investigadores locales afirman que el trabajo en Isla Tortuga demuestra cómo la restauración puede vincular la ciencia con el turismo. Los visitantes no solo contribuyen a financiar el proyecto mediante aportaciones a los tours, sino que también pueden observar cómo se lleva a cabo la restauración de los arrecifes en el agua.
El proyecto Isla Tortuga ha avanzado rápidamente. En julio de 2024, la UNED informó de la plantación de 490 corales en la primera fase. Para junio de 2025, el programa había superado los 2000 corales, con 43 estructuras de vivero instaladas y una tasa de éxito superior al 90 %. Actualmente, el proyecto se acerca a los 3000 corales cultivados.
Costa Rica también ha tomado medidas para regular y guiar este tipo de trabajo. Se creó un protocolo nacional para la restauración de arrecifes y comunidades coralinas con el fin de estandarizar la planificación, autorización y seguimiento de los proyectos de cultivo de coral. El desafío sigue siendo considerable. Los arrecifes de coral en Costa Rica se enfrentan a la presión de la contaminación, la sedimentación, el calentamiento de las aguas y la actividad humana. La restauración no resuelve estos problemas por sí sola, pero ofrece a los sistemas de arrecifes dañados la oportunidad de recuperarse en aquellos lugares donde las condiciones aún permiten el crecimiento del coral.
En Isla Tortuga, el trabajo está mostrando un progreso notable. Miles de corales ya están creciendo en viveros submarinos, y se espera que esta semana se alcance el próximo hito importante.